Blue sky, Black ground, Brown ground

 

By Natalie Gama Pourdanay

 

Esta exposición presenta la obra realizada por Morten Slettemeås en los últimos dos años que ahora empieza a distar de lo que había realizado tiempo atrás. Lo cierto es que hoy la paleta de color, la potencia, el juego, la yuxtaposición de colores para crear formas y paisajes no se han dejado de lado, hay una depuración en el uso del color y en  la composición de esos paisajes y aquellas figuras por vislumbrarse.

Ahora el artista simplifica la composición usando menos colores, espacios pictóricos más amplios, reduce formas a pinceladas y abandona la perspectiva de manera que el espectador busca reflexionar sobre lo que está viendo. Pone en tela de juicio si se trata de un paisaje o, de simplemente, un dejo con brochas y pintura que no siempre asimilan las figuras de cielos, playas, montañas o plantas.  Cuando se percibe que el punto de convergencia entre las obras se da bajo la influencia de la naturaleza es que los paisajes, las plantas, el umbral de la luz y los colores de un panorama lleno de vida surgen, así la empatía entre la obra y el espectador florece.

Esta obra promueve la imaginación de espacios y paisajes, su particularidad se da por la simplicidad de los gestos y los modos del decir a través del arte, de manera que el espectador puede ejercer un papel fundamental en la dialéctica entre lo que es y pudiera ser la obra de Slettemeås. En este sentido, hay una intención que apela por despertar el instinto que va más allá de la búsqueda de comprender la obra racionalmente. El campo de lo sensible emerge para detonar la capacidad de imaginación sin la necesidad de intelectualizar, se convierte en una cuestión completamente estética. Dejamos de lado la razón para darle cabida a las sensaciones, donde las explicaciones y los conceptos no son necesarios para relacionarse con la obra. Se vuelve una relación háptica que despoja el espacio inmanente de esa razón que, a veces, todo lo nubla.