Yellow sky, Pink trees, Black ground

 

By Carlos E . Palacios

 

Hasta hace dos años la obra de Morten Slettemeås (Noruega, 1975) se había  visto como un ejercicio de traducción, al límite de lo reconocible, de los géneros clásicos asociados a la pintura como son el paisaje y el retrato.

Esta vinculación con el canon histórico de esta técnica artística es natural en unas obras cuya genealogía se inscribe en el escenario geográfico y cultural del norte de Europa, donde se han escrito páginas muy modernas y propositivas sobre el arte de la pintura sin desdeñar la larga sombra de su propio desarrollo. Slettemeås se logró insertar en esta nutrida y prolífica historia, transfigurando escenas reales y fotográficas desde la densidad del gesto pictórico. Esto lo logró a partir de un dominio muy preciso de la técnica y desde un elegante equilibrio, riguroso y arriesgado, a la hora de volcar estas imágenes  referenciales al lienzo. Una estrategia de apropiación afín a numerosos pintores contemporáneos y que Slettemeås maneja con impecable destreza. El artista acudía a un archivo personal de imágenes muy neutrales, casi anodinas, y las trastocaba en unas admirables escenas en el lienzo gracias a un juego vigoroso de manchas y planos de color. Este ejercicio de traducción se enriquecía gracias al esfuerzo intelectual del pintor, que suponía lograr la independencia temporal de la obra de su referente fotográfico, convirtiendo la tela en un original lugar de tensión entre los restrictivos límites de lo reconocible y la libertad cromática que se deriva del trazo del pincel y la mancha informe del pigmento.

Para el grupo de obras exhibidas en esta exposición, Morten Slettemeås se ha desligado de esa estrategia de trabajo. Las pinturas definen una nueva etapa de su obra, ciertamente mas arriesgada y propositiva. Al desentenderse del referente fotográfico se han vuelto mas autónomas y debido a esto, mucho más complicadas de definir conceptualmente. Aun cuando el pintor ha mantenido mucho de la neutralidad rigurosa con la cual aborda sus pinturas –que se manifiestan en los minimalistas títulos de las piezas y en la mecánica reductiva de la selección de los formatos-, en esta ocasión las pinturas pueden verse como una apuesta mucho mas compleja y sin referentes previos que funcionen como un ancla para la composición del cuadro.

Como se puede ver en esta ocasión, las pinturas siguen acudiendo a los géneros acostumbrados, pero su disposición se escapa de las narrativas asociadas a estos. El pintor ha reducido considerablemente sus anteriores recursos retóricos, basados en muchas formas, una paleta multicolor y la diversidad y riqueza de los trazos; sin embargo las obras que esta muestra recoge no han perdido la densidad y riqueza que caracteriza  su lenguaje pictórico, ¿cómo es posible esto?.

Habría que destacar que por una parte Slettemeås ha logrado despojar su pintura de lo accesorio. Ha focalizado toda su atención en la definición de formas más concretas a partir de un manejo muy diestro y certero de los tiempos que el trazo del pincel puede producir. Por otra parte se ha restringido al dominio de una paleta de colores breve pero muy contrastada, vibrante y sobretodo, original.

A partir de estas restrictivas maniobras que el artista se ha impuesto, el resultado son unas pinturas aparentemente severas pero sin duda mucho mas ricas poéticamente hablando. Del mismo modo, no se alejan demasiado de sus tópicos acostumbrados. La diferencia en su abordaje es que estos, aún cuando parecen tomado directamente del mundo real, de lugares simples de la naturaleza, fueron transformados por el artista en una complejas pinturas, ocultas detrás de una gran simplicidad. Slettemeås se desplaza en su obra reciente del extremo rigor de la abstracción y el formalismo e introduce una novedad a su discurso artístico, basada en lo cotidiano y la pureza del gesto pictórico  más simple, pero muy efectivo.

Finalmente habría que añadir que la pintura de Morten Slettemeås se ha hecho menos representacional pero no por esto más abstracta. Gracias a este lugar limítrofe en que se halla, su obra se encuentra en un momento paradojal, lo que constituye su aporte mas innovador y la hace estratégicamente importante, no sólo en su trayectoria personal sino en el escenario de la pintura contemporánea.